2 de Julio de 2009
30 de Junio de 2009
El porqué del nombre
1. Un extraño personaje llamado Dr. Caligari, presenta en la feria de un pueblo alemán un espectáculo nunca antes visto: El sonámbulo Cesare, quien duerme desde hace 23 años y tiene la facultad de predecir el futuro. A partir de su presencia comienzan a ocurrir también algunos extraños crímenes...
El gabinete del Dr. Caligari, de Robert Wiene, supone la inauguración del expresionismo alemán, movimiento al que pertenecieron también El Golem (1920), Nosferatu (1922) y Metrópolis (1927) de Fritz Lang, todas consideradas ahora grandes clásicos del cine.
La utilización de contrastes de luz y sombra, y sobre todo, el tratamiento de historias donde resalta el lado oscuro del ser humano (entendido como lo sobrenatural, la locura, lo monstruoso y lo inexplicable), fueron las características primordiales de esta serie de películas que, aunque pocas, llegaron a ser una influencia que prevalece, incluso para cineastas de nuestros días.
Es difícil analizar desde este siglo XXI una película como El gabinete del Dr. Caligari, que puede aparecer como defectuosa o “pobre”, comparada con las grandes producciones a las que estamos acostumbrados hoy en día. Pero si pensamos que en aquella época no habían computadoras ni efectos especiales ni grandes presupuestos, que el cine estaba en pañales y que, de remate, era mudo, el conjunto de aquellas películas y sus resultados no es menos que admirable.
29 de Junio de 2009
Los sucesos de ayer en Honduras
Los sucesos acontecidos ayer en Honduras, que de hecho son el resultado de una crisis que ha venido planteándose en aquel país desde hace algunos meses, dejan pensativo y preocupado a cualquiera, sobre todo a los que vivimos en Centro América y a los que sabemos y hemos experimentado en carne propia, los oscuros mecanismos que se mueven detrás de un golpe de Estado.
Porque hay que ser francos. Lo que ocurrió ayer fue exactamente eso: un golpe de Estado. Por más que lo quieran justificar y analizar mediante leyes y situaciones que pudieron haber provocado la destitución del presidente Manuel Zelaya, el hecho de irrumpir a balazos en su casa y meterlo a un avión para llevarlo a otro país (en este caso acá a Costa Rica), no es precisamente un hecho legítimo y apegado a la ley.
Fue impresionante escuchar a los diputados hondureños defendiendo como gatos panza arriba todo lo acontecido. Por otro lado fue lamentable que estando Zelaya precisamente acá en Costa Rica, ningún canal de televisión o medios de radio ticos informaran nada sobre el asunto hasta el momento de la conferencia de prensa, ya bien entrada la mañana, que diera Zelaya junto a Oscar Arias, conferencia que incluso no fue transmitida hasta el final sino interrumpida en algún momento en que se consideró... bueno, no sé qué se consideró para interrumpirla, pero la cobertura de los medios ticos ha sido deficiente. Se pasaron el día transmitiendo futbol, muñequitos y Chespirito. Si no es por internet y algunos pocos medios alternos como Informa-tico, los que vivimos en Costa Rica no nos hubiéramos dado cuenta de nada.
Zelaya cometió errores de carácter político y hasta constitucional, pero se supone que existen mecanismos para que dichas situaciones sean solucionadas dentro de los términos de la legalidad vigente dentro de su propio país.
Lo que queda claro es que todavía no aprendemos nada. De que nuestra memoria es corta, si no nula. De que nuestras democracias no tienen los pies bien plantados en la tierra y que tienen todavía muchas lecciones que aprender. Es una situación que debe ponernos muy alerta, un lamentable retroceso a tiempos que pensábamos ya terminados.
Lo que me pregunto es ¿qué mecanismos legales tenemos en nuestros países para evitar que nuevamente vuelvan esos tiempos de los golpes de Estado y la imposición de gobiernos que no han sido democráticamente electos? Y si los hay, ¿qué tan sólidos son? ¿De qué sirven las protestas internacionales si de todos modos el congreso hondureño hizo lo que quiso y juramentó a un nuevo presidente?
Habrá que estar muy atentos a lo que siga pasando en Honduras, porque estos hechos sientan un precedente peligroso. Se deja pasar y quién sabe quiénes más se sentirán envalentonados a intentar acciones similares. Nos ha costado demasiado lograr una relativa paz (digo "relativa" por el nivel de criminalidad y violencia que nos consume día a día), como para echar todo por la borda tan rápido y arriesgar volver a "aquellos viejos tiempos" de dictaduras, censura, libertades pisoteadas e intervenciones militares...
26 de Junio de 2009
Man in the Mirror
Mientras me sobrepongo, mi canción favorita de Michael Jackson, "Man in the Mirror".
25 de Junio de 2009
Las benévolas, Jonathan Littell
He pasado los últimos 8 meses leyendo Las benévolas de Jonathan Litell, un novelón de 974 páginas, sin incluir el abundante glosario. Debo admitir que no lo leí de manera continua. A veces por falta de tiempo, otras simplemente por falta de ganas (recuerden que trabajo corrigiendo textos, así es que me la paso leyendo prácticamente todo el tiempo y para descansar, opto por no leer nada más...). Aparte de eso, era incómodo andar manipulando un libro tan voluminoso, que de remate conseguí en tapa dura. Pesaba demasiado como para meterse a la cama con él y leerlo de manera cómoda o llevarlo en algún viaje.
Resulta difícil saber por dónde comenzar a comentar este libro porque el tema, la historia, la manera en que está tratado y muchos otros detalles dan mucho qué decir y ciertamente dejan mucho en qué pensar. Además, me resultaría difícil analizar el libro exclusivamente desde el punto de vista de un lector común, sino que también tendría que hablar de él desde mis zapatos de escritor.
Disculpas de antemano por una entrada que será inusualmente larga.
Escrita toda en primera persona, el narrador de esta historia es Maximilian Aue, un ex-alto oficial de la SS, quien muchos años después del final de la guerra se decide a escribir (y describir) todo lo que vivió durante la guerra. El rango de tiempo va desde junio de 1941 hasta abril de 1945, y abarca geográficamente desde el Cáucaso a Stalingrado, de Berlín al sur de Francia, de Auschwitz a Dachau.
En el prólogo, que me parece lo mejor de todo el libro, Aue nos deja bien claro que no escribe por arrepentimiento ni por expiar culpas. No es un oficial arrepentido y ciertamente tampoco es un oficial “inocente”. Su participación en los acontecimientos es directa y ejecutada por convicción. Pero además, Aue condensa todas las características que para un lector puede ser un “ser maligno”: Aue no sólo ejecuta judíos, gitanos y otras personas, sino que está enfermizamente enamorado de su hermana, con quien tiene fantasías eróticas (que son descritas con todo lujo de detalles) y por lo cual, Aue ha optado por la homosexualidad (como una forma de lealtad a Una, su hermana, o una manera “obligada” a serle fiel).
24 de Junio de 2009
Boris Vian, tanto tiempo después
Nunca olvidaré el día en que se me ocurrió darle a leer un par de cuentos de Boris Vian a los asistentes a uno de mis talleres de narrativa. El concepto de aquel taller era no solamente dar tips de escritura, sino alternarlo con un círculo de lectura para poder promover dicha actividad como parte de la disciplina imprescindible del escritor, cómo desgranar un texto para comprender su calidad y funcionamiento y leer a autores diferentes. Y se me ocurrió arrancar con Vian.
Leímos “Los perros, el deseo y la muerte” y otro cuento, aunque el que causó todo el revuelo fue el mencionado. La historia giraba en torno a un taxista y a una muchacha que sólo alcanza el placer al manejar un carro a toda velocidad por las calles del Bronx mientras atropella perros callejeros.
Las reacciones de los participantes fueron contradictorias, pero sobre todo intensas. Un grupo gustó del cuento por lo diferente, por lo irreverente y lo políticamente incorrecto. Pero el grupo que lo odió manifestó opiniones bastante agresivas, incluso contra mi persona:
-¿Quién dice que esto es literatura?
-Se supone que venimos a un taller a leer cosas buenas, no cochinadas.
-El cuento es horrible.
-Me niego a leer cosas que no sirven.
Y así por el estilo...
23 de Junio de 2009
What if God was one of us?
Domingo en la mañana, como todos los domingos de mi vida, es el “día universal de la pereza”, es decir, prohibidísimo trabajar y/o hacer cosas desagradables (a menos que sea imprescindible y siempre hago lo imposible porque así sea).
Levantarse tarde, desayuno suculento y agradable, prohibido además ver la hora. El zapping me hace aterrizar en una película, Regreso del Todopoderoso. La película es mala y prescindible, aunque tiene un par de puntadas divertidas, pero la primera parte con Jim Carrey fue sin duda bastante mejor.
Sin embargo, hubo un detalle que me dejó pensando. Morgan Freeman aparece de nuevo en el papel de Dios. Vestido de blanco y estilizado, como siempre, de buen humor, sonriente y hasta bailando.
En la escena final, el personaje baila con Dios, quien ríe y enseña todos sus dientes, y luego cuando da vuelta, Dios se ha ido. Es decir, la última visión que tiene de Dios es de un Dios sonriente y bailando.
Pensé en eso. En un Dios sonriente, bailando, comprensivo, bromista, en contraposición a esa imagen humanizada y sobre todo atemorizante que nos imponen algunas religiones, la de un Dios castigador, enojón, de barbas largas y blancas, con libros, listas, cuentas y llaves que te permitirán entrar al paraíso o irte derechito a freírte en el infierno.
Pensé también en otra de las escenas que me gustaron. Levantarse una mañana y encontrarse a un sonriente Morgan Freeman y preguntarle ¿y usted quién es? Y que él te conteste “soy Dios”. Sería genial (sobre todo porque amo a Morgan Freeman, jaja).




