12 de Mayo de 2008
Meteroro (la película) o cómo ser niño de nuevo
Desde el viernes me di permiso de volver a tener 10 años. Anduve canturreando “go Speed Racer, go Speed Racer goooooo” todo el santo fin de semana, planeando el operativo para ir a ver Meteoro, versión hermanos Wachowski, con una ansiedad que hace ratos no me da por ir a ver una película.
Debo confesar que también una parte de mí tenía miedo. Miedo de salir decepcionada. Porque que le toquen a uno sus muñequitos de infancia y se la quieran presentar añales después en película actuada con personas y no dibujada, bueno... es un riesgo. De hecho me parece que una de las cosas más complicadas que pueden hacerse, a nivel de cine, es este tipo de adaptaciones. En el 90 por ciento de los casos he salido bastante decepcionada de las películas basadas en comics o animés y de hecho mejor ni voy a verlas. Yo me quedo con el Batman y el Hombre Araña de los muñequitos que vi cuando niña y no con las versiones recientes, porque algo se pierde en la adaptación. (Aunque posible haré una excepción con la que venga de Batman, pero nada más por ir a ver a Heath Ledger...).
Y el motivo de la decepción ha sido que las películas, en su traducción de un animado, la hacen tan desde una perspectiva adulta y “moderna”, que se desconecta totalmente de lo original. Quizás eso le parezca genial a muchos. Pero a mí en lo personal, no me agrada. Me parece que “la ciencia” en todo esto sería que la película nos despertara al niño que fuimos y que ha naufragado en alguna parte de nuestra interioridad. Que la película nos haga volver a ese estado de inocencia original, donde no intelectualizábamos tanto lo que veíamos y gozábamos con diálogos sencillos, historias simples, acción sin sentido y humor primario. Y que lo gozáramos hasta la médula. Y eso es lo que me parece lograron los hermanos Wachowski de manera extraordinaria con su versión de Meteoro.
8 de Mayo de 2008
Lecturas recomendadas
-"De poetas y aviadores". Lo cuenta Santiago Gamboa pero le ocurrió a Ivo Machado. Una anécdota conmovedora donde la poesía ocupa un lugar primordial.
-Hace unos días volví a leer la carta del Jefe Seattle, de la tribu Suwamish, al entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, donde responde a una oferta del presidente de comprar las tierras que hoy conforman el Estado de Washington. La carta fue escrita en 1855, pero leída a la luz de la actual situación de decadencia absoluta en la que vivimos, en la cual el menosprecio a la naturaleza es cotidiano, se convierte en un texto que nos hace reflexionar sobre el verdadero valor de la vida.
-"La botella en el mar" se llama la nostálgica introducción del libro Cuando todos hablamos de Sergio Ramírez, recientemente publicado por Alfaguara y que recoge posts de su bitácora personal en El Boomeran(g). En dicha introducción, Ramírez hace un recorrido por los instrumentos de escritura que a él le ha tocado experimentar y cómo éstos han ido cambiando con el tiempo hasta llegar al computador de la actualidad.
Las anotaciones diarias de mi bitácora, que lanzo todos los días dentro de la botella, son una escritura compartida, una experiencia que no se parece a ninguna otra de mi vida de escritor. (...) Voltaire hubiera estado encantado con la posibilidad de generar un espacio crítico múltiple semejante, que es lo que es el blog para mí. La botella que se va en la corriente ignorada llevando el mensaje, y puede regresar a mis manos.
-"Palmas, flores y juventud" se llama el excelente foto reportaje de Mauro Arias y Frederick Meza que presentó el periódico digital El Faro esta semana, sobre la tradición de las palmas enfloradas de Panchimalco. Desafortunadamente no hay un enlace directo, así es que apúrese a verlo esta semana que está en portada. Le recomiendo la foto 10, donde nuestro colón es nada más una pieza decorativa en el traje de los Historiantes, y la 11 donde el dólar (ay, el dólar), se incorpora como parte del premio de las carreras de cintas.
Actualización: Los amigos de El Faro me han facilitado el enlace directo para el fotoreportaje mencionado. Por motivos que se desconocen, los enlaces no se ven cuando se utiliza Firefox. Pero bueno, ya podrán acceder al mismo cuando deseen.
7 de Mayo de 2008
¿Agoniza la novela?
La otra afirmación que me quedó dando vueltas en la cabeza (y a la que los medios le han hecho bastante ruido) fue una que se repite con cierta frecuencia, y en lo personal me parece hasta banal. La novela está en trance de muerte y esta vez lo anuncia Tom Wolfe en la Feria del Libro de Buenos Aires.
“La novela está muriendo rápidamente" dice Wolfe, y considera que para el desarrollo de este género es necesario que los autores "embarren sus manos en la vida cotidiana".
Estamos en un período en el cual la novela rápidamente está muriendo, se está suicidando. Los jóvenes escritores de Estados Unidos han tratado de copiar a Jorge Luis Borges, pero no son Borges (...) En los Estados Unidos los jóvenes escritores por lo general son graduados de los llamados programas de escritura creativa, y estos programas son como aguas estancadas donde se crían los mosquitos, y estos mosquitos vienen de Francia y tienen nombres como realismo mágico, fabulismo, minimalismo, deconstructivismo... Están de moda dentro de la academia y círculos universitarios, pero el público en términos generales no está interesado de la manera en que estuvieron interesados en Hemingway o Steinbeck.
La “opción” que le mira Wolfe a la escritura es la narrativa de no ficción, que “los poetas salgan de sus departamentos y averigüen las diferentes cosas que hay en el mundo” (aunque no sé por qué habla de "poetas" si se está refiriendo a la novela). Pero para el dandy del eterno traje crema, la crónica, el reportaje, el testimonio y las memorias parecen ser el género narrativo por excelencia de estos tiempos modernos.
Continuar leyendo»6 de Mayo de 2008
¿Agoniza la ciencia ficción?
Durante el fin de semana leí un par de afirmaciones que me quedaron dando vueltas por la cabeza. Dos cosas están a punto de morir: el género de la ciencia-ficción y también la novela en general.
La primera de las afirmaciones la encontré en el blog del escritor mexicano Alberto Chimal, presentada como una especie de introducción previo a recomendar 20 libros que todo principiante en el género debería leer, tanto en novela como en cuento. Chimal no dice realmente que la ciencia-ficción como género haya muerto, pero sí que se ha agotado, que ya no podrá presentar nada nuevo y que no tiene posibilidades de renovación.
Mucho de esto se debe a que, en su época de surgimiento y gloria, los textos de ciencia ficción parecían, sobre todo, tener una gran expectativa hacia el futuro, hacia imaginar cómo sería todo lo desconocido: desde la utilización de las máquinas (incluyamos aquí a robots y computadoras) hasta el viaje espacial (sea el de los humanos a otros mundos o la visita en éste de seres de otros planetas).
... la noción mismo del “futuro” como un espacio para la imaginación perdió el lustre que había tenido desde el XIX. No hace falta sino mirar a nuestro alrededor: más en algunos lugares y culturas, menos en otros, pero en ningún sitio se ve ya el optimismo y la expectación por el futuro que imperaban todavía hace cuarenta años en mucho de la ficción popular.Continuar leyendo»
5 de Mayo de 2008
Sin películas
¿Recuerdan aquella escena en La naranja mecánica, cuando Alex después del tratamiento Ludovico, ya no puede escuchar la música de Beethoven y se tira de una ventana, desesperado, pues es preferible morir a escuchar tan abominable música?
Más o menos así me pasa a mí cada vez que oigo cualquier composición de Beethoven, sobre todo la Novena Sinfonía y el Himno a la Alegría. Lo mío también es, sin duda, la consecuencia de un abominable proceso de programación, cuyo origen podría remontarse a mi infancia. Estoy muy consciente que mi aversión a Beethoven tiene que ver con traumas familiares y he hecho esfuerzos por escuchar su música, sin éxito alguno. Lo único que medio puedo tolerar son algunas de sus sonatas de piano pero eso no significa que yo tenga ni vaya a tener ninguna composición del alemán en mi biblioteca musical.
Intenté el sábado ver una película llamada Copying Beethoven, porque mi gusto por Ed Harris puede más que mi disgusto por Beethoven pero... el disgusto me ganó. Se me hizo insufrible tener que estar escuchando la musiquita de fondo, todo Beethoven, que iba y venía.






